No duermo 8 horas diarias ni tengo sueños cuando me acuesto. Mi cabeza es una maraña chiquita, un enredo de tres pelos, una opereta ambulante de tres centavos: un manicomio de piojos que cantan bizarros himnos de coros sicalípticos.
Y cada día escucho las mismas cosas, las frases recurrentes y las respuestas que a veces parecen un ejercicio mecánico...he ahí mis problemas con el lenguaje, pues más entrenido me resulta psicoanalizar que conversar abiertamente. Sin embargo, hace casi un mes me acompaña un maestro que en aviones de papel, aterriza cada noche en mi cama y me pinta la calma con palabras, es un mago fabricante de nubes dulces.
Debo tomar en cuenta también que mi organismo hace constantemente una campaña contra la hepatitis emotiva y que por ese motivo debo, de manera forzosa, olvidar la coherencia de mis actos y por ende la de quienes me rodean...con eso tengo asegurada una dosis del antídoto para no renegar.
Y esto, además de andarse moribundo, con los ojos hundidos y en sus bordes un par de redes de viejo pescador - que mar a dentro caza trofeos carcomidos por el tiempo - me llevan a recurrir a una falsa espada del augurio que me deje ver más allá de lo evidente...por eso no han de juzgarme por ser distraída, pues escucho perfectamente el vuelo de las moscas.
Me dedico a decir palabras chistosas para no pagar consulta médica ni dar explicaciones, a hablar poco y a decir con canciones o versos lo que cada quien necesita, como una sucursal ambulante de "abrazos gratis" - ojo, lamento decir que se reserva el derecho de admisión - en los que no hace falta decir mucho, basta sólo con estar ahí para lo que ocurra...Ayer, ojos bonitos me habló sobre la idea de ser una canción y yo inmediatamente escogí la que escucharán al final de esta catarsis escasamente coloquial - sí pues, esto me recuerda al hoyo que cavó la princesa muda del narrador de cuentos en el que grita para desfogarse y seguir manteniendo su promesa: "No hablar", lo que termina mostrándola más como un animal salvaje que como a un civilizado bípedo.
Ahora podría contar que me siento felicísima, muy a pesar de que la adolescencia me llegue a los casi 24 años...sí pues, me está saliendo el acné que no quiso reventar a los 15 pero así son las cosas, tardan pero llegan.
Le regalé mis relojes al antucuario, he tejido fantasmas durante años para crear una visión coherente de mi desorden vital...parché mis ventanas para no ver la realidad, sin embargo dejé sólo a un pedacito de cielo acostarse a mi lado, en la cama. Poco a poco me hice de un oficio para darle vida a las sombras, para hablar sin tener que recurrir a mi torpe lengua, para no usar esa voz que producen mis atrofiadas cuerdas vocales.
Tomé el oficio de mentirosa -es decir, escritora- y creadora sueños raros, de sombras hechas con la mano, de muñecas vestidas de mujeres alocadas, de cartas anónimas que le hacen feliz a la gente, de regalos tocatimbres y de la masa de un enorme pastel que induce a la más amena sobremesa.
Por eso escribo hasta que me pongo a pensar ¿por qué estudiar historia del arte? si al final sólo recuerdo lo que imagino - y sí, en un inicio vivía pensando en que la historia que construyó el hombre pudo haber tenido un origen diferente en cualquier otro cerebro - recuerdo en cierto momento a los bichos que recorren mis neuronas, microtarzanes trepándose en lianas llenas de mielina...es en ese momento que me cuelgo de la realidad y me río y me río de ella cada vez más.
Por eso soy la mosquita cuasinvertebrada que pasa silente y expectante, te obsequio una fantasía cada miércoles por la mañana, soy la liliputiense más rebelde, la brúju-la sin protocolo, la pavita que usa faldas y habla en español, la que se favorece de los mitos no finiquitados, la que se despierta creyendo ser un río, que corre y se deja fluir...
Esta es la tarjeta de pre venta, es también un separador de página Kike hizo las ilustraciones y Naná y Pablo ayudaron con el diseño El último verso es del poema dedicado a Edward "Manos de tijeras" [qué emoción]
Que ponga tachuelas en mis zapatos para que me acuerde que voy caminando y que cuelgue mi mente de una soga hasta que se seque de problemas y me lleve...
Y que esté en mi cama viernes y domingo para estar en su alma todos los demás días de mi vida
Distinguido pasajero. Le doy la bienvenida a este sueño con formato A4 elevado a la n. Antes de empezar, le explicaré el por qué de mi recorrido: Yo me acostumbré a caminar por las calles vacías, comencé a pelearme con las pistas y las combis...No me han despertado ni los claxons y no tengo brevete ni siquiera para transeúnte, por eso me estrello con los sueños mal confeccionados, con los lentes que aumentan la magnitud de la realidad vistiéndola de ilusión pura, con los postes de alumbrado público...remedos de tercas jirafas que hacen menos negra la noche. Esos sueños e ilusiones buscaron hojas blancas para poder reproducirse en silencio, buscaron alas, amantes ingrávidos como Bella y Chagall, que vuelan hasta donde quieren llegar. Por eso me hice una nave, tiene las escalas anotadas con olor a chocolate...su destino final es desconocido, sólo espero que confluya con un río de cauce inesperado. Será usted el copiloto de esta jinete sin cabeza pero con alas amplias? acompañarías a esta piloto de aviones de papel? Espero disfrute este pretencioso y onírico viaje a FIN-landia.
[Por fin decidí publicar la "Casa de muñecas"...haré una fiesta pre venta para financiar parte de la edición. Con la entrada reclama tu tarjeta, causha. El libro sale a mediados de abril. Gracias a Nanacita Lavalle por el flyer y a los demás arrichantis por aposharme, los amo!]
Últimamente estoy ausente, falto en muchos lugares...falto en el trabajo, falto en mi dormitorio, falto en mis días, falto entre mis libros. Soy un ente que camina por la calle sin hacer nada especial... No está mi mente, falto en todas partes. Quiero respirar, quiero esperar a que todo sea calma. Me retiro...Por ahora estoy aprendiendo a levitar
El semestre pasado fue bastante difícil...debía matricularme sólo en tres cursos pero cuando se trabaja de lunes a domingo a tiempo completo es bastante difìcil mantenerlos - sobretodo si se trata de una persona tan floja como yo - mis cursos eran en la tarde-noche. Llevé Arte Colonial II, Arte del siglo XX y Seminario de Arte Peruano, en este último tenía dos opciones: música o textiles. Obviamente, escogí música.
A pesar de pintarse como el curso más divertido de todos fue al que falté casi todo el ciclo. Cuando acabó la campaña del MALI volví a clase como si nada...pero mi conchudez no fue suficiente, así que decidí entregar un muy buen trabajo final - que me sirvió para saldar todas mis inasistencias.
Pensé en hablar del tema de Cholificación - que mi padre solía enseñarme desde chica - pero cuando lo propuse en clase el profe me pidió ejemplos musicales...no se me vino otro grupo a la cabeza y dije: "Sí, hablaré de los Shapis"
¿Por qué los Shapis? Es el único grupo de cumbia andina que escuchaba con cierta regularidad...inicié la investigación sin imaginarme que encontraría algo consistente. Cuando inicio ese tipo de trabajos, siento que me tiraran al mar y que después de los torpes y desesperados intentos por salir a flote encuentro darle a todo un sentido. Con tal motivo me averigüé muchas cosas...al final conseguí el primer LP, la película de los divos huancaínos y una entrevista con el presumido Chapulín.
Navegando en interné me enteré que el grupo los Shapis fue creado en 1981 por Jaime Moreyra y Julio Simeón "Chapulín". Toman el nombre de “Shapis” por la danza guerrera de la Fiesta de las Cruces, que se realiza todos los años en Chupaca (Huancayo).
Llegan a Lima en 1983, siendo ya conocidos por los temas “¿Por qué no me quieres?” y “Porque eres mujer” lanzados en 1981. Ese mismo año “El Aguajal” – canción inspirada en la letra del huayno “El Alizal”, la cual se refiere a gente que se olvida de su terruño – obtiene gran éxito entre las masas acrecentando así la fama de este grupo.
¿Por qué no me quieres?
Porque eres mujer
El aguajal
En un principio toman las letras de los Huaynos para sus composiciones, insertan el cantar dramático y la cadencia melancólica de este género a una fusión de percusión que extraen de la cumbia colombiana y de sonidos eléctricos que aporta la psicodelia.
Una vez en Lima estos músicos experimentan en carne propia parte de la marginación que recibían los migrantes andinos, también el clasismo y racismo por parte de cierto sector social que no asimilaba su música, sin encontrar en estos la debida aceptación. Es por eso que, los Shapis ya en la Lima desarrollan una temática social en sus letras, hablan de la búsqueda del progreso y los ideales que cargan los migrantes en sus alforjas.
Ambulante soy
Mi tallercito
Después de este atinado proceso de adaptación, el público aumenta, más migrantes se sienten identificados con sus canciones, aumenta la fanaticada y consiguen que una disquera se arriesgue y apueste por su propuesta…Horóscopo es quien graba el primer LP de los Shapis (1981), sin embargo realiza una estrategia de publicidad con el fin de asegurarse la venta del producto: Poner en la tapa del LP un pastiche de la portada de “Road To Ruin” disco del grupo de punk norteamericano “Ramones” (1978), al que agregan estos elementos que son propios de la cultura chicha y son denominados kitsch – tomando un concepto más general - como son los colores iridiscentes, las estrellitas y el usual horror al vacío que parece caracterizar a estas fusiones bizarras.
Siguiendo con el merchandising de este popular grupo, estos comienzan - parte de lo que en adelante caracterizaría la imagen de los futuros grupos y conciertos “chicha” – a uniformarse con trajes modernos, al mejor estilo de Menudo, sin dejar de lado su tradición, como por ejemplo el polo con los colores básicos de la bandera del Tahuantinsuyo. Con esto toman muy en serio su nombre pues Shapis significa “hombre valiente y vestido elegantemente”, hacen pasos coreográficos que por lo general son cortos ya que devienen de su costumbre por el baile del huayno.
Los Shapis llegan a tener tal popularidad que en 1986, el cineasta Juan Carlos Torrico graba con ellos “El mundo de los pobres”, película basada en la evolución de este grupo; las peripecias y problemas que tuvieron que experimentar para llegar a ocupar un lugar importante dentro de la música peruana.
A veces con cierto temor me atrevo a imaginar mi trágica muerte. Suelo imaginarme historias patéticas que discurren frente a mis ojos con mucha calma, suelo gritar por los ojos cuando nadie me ve, trueno mis dedos cada vez que tengo miedo y no lo quiero decir, de vez en cuando cierro mi ojo derecho como un tick nervioso que sólo se ve cuando me olvido de borrarlo de los diarios y así camino los días feriados, cojeando de la pierna derecha porque sé que ese día no hay más que buscar.
Yo sé que hay cosas que ya no puedo remediar, no puedo evitar la pena que la gente carga debajo de las suelas, no puedo más que sentirme el colador de las emociones ajenas, quien lee las historias en las pistas, quien vive para morir contento por haber sabido más que los demás.
El vértigo me viene cuando camino durmiendo, cuando todo da vueltas como sintiendo el irremediable efecto de una locura tóxica que al final, es básica para engañar al alma y creer que todo se puede olvidar.
Nunca dejé que me prohíban nada, todo lo contrario…infringir las restricciones siempre fue más excitante, mis heridas pueden dar fe de que no hice caso a las recomendaciones que me dieron, pero muchas de esas heridas - parcialmente cicatrizadas - se convirtieron después en documentos completamente provechosos para saber vivir.
Cuando hoy no es "EL DÍA", tomo mis palos de tejer y las tijeras, trato de desenredar esa madeja de penas que me anuda la garganta para dejar de temblar y poder respirar. Dejar de ver el cielo más alto que otros días, ver esos restos de flores que vuelan y sentir que uno nunca podrá ser como ellas, porque ellas no se enteran de que las deshojaron alguna vez...
Me desperté temprano, muy feliz, y vi una película en la que dijeron algo en lo que pensé varios minutos después: "Las princesas son tan sensibles que notan la rotación de la tierra, por eso se marean tanto. Son tan sensibles que cuando están lejos de su reino se enferman , hasta se pueden morir de la tristeza".
Alguna vez me dijeron ilusa - algo que yo supe desde que me di cuenta de que la vida no era exactamente un sueño o una pesadilla - ¿Por qué crees en la esperanza? me preguntaron, "porque algún día puedes andar por la calle y encontrar de casualidad la solución a todo un conflicto existencial, te solucionas la vida aunque sea por un instante, así sea un constructo más de la imaginación", contesté sonriendo...me miraron en silencio hasta que sonriendo burlonamente me dijeron "qué ilusa eres". Miré al lado opuesto de la cama y contesté casi en silencio "eso ya lo sé".
Recuerdo aún esos años de mi vida, mis días violetas, en los que la tristeza era tan tangible como mi aparato respiratorio, en los que la mirada era un ejercicio absurdo, algo que se hace por inercia, hasta que me cansé y vi que las cosas podrían ser mejores, recuperé esa nostalgia por el futuro en la que sientes un bello sentimiento por cosas que no ocurren todavía, pero que dentro de toda esa mierda podrán concretarse algún día.
Dejé mi ropa toda negra. "El luto terminó", dejé esos faldones inmensos que podrían -según yo- ocultar la permanente enfermedad de la tristeza. Volví a gritar, a no ocultar mis penas en esos mantos con los que me cubria el pecho, salí de mi encierro, de mi celda rosa para ver cómo había cambiado el mundo, cómo había cambiado yo frente aquel gigante.
Ya no volví al luto pero el bicho sigue ahí, tal vez fue mejor no salir...y sí fue mejor salir sola y volver a casa muy temprano, cuando todos ya se fueron, regreso cantando sola canciones que me hacen creer que todo estará bien.
Ahora vuelvo a mi habitación, pues mi expresión no es lo suficientemente decente como para fingirla, como para exhibirla en las calles llenas de gente.
Hoy - como en algunas otras oportunidades - mi día comienza más tarde, las horas son más lentas, hoy mandé a mi epidermis a la lavandería, a mis ojos a exfoliarse y luego a clases de yoga para relajarse, puse a mi pasado en cuadernos vacios y los coloqué en mi estante y mi vocabulario se fue envuelto en toallas blancas al sauna. Hoy miro al techo esperando ver alguna mancha, al zancudo que me jodío toda la noche o tratando de leer algo que me olvide de escribir, algo que se encuentra alojado en mi cabeza, la triquina que no se despega de mi cerebro para tocar el papel y ver la luz.
"Buenos días", parece que todo lo veo en cámara lenta, escucho todo como un viento desidioso que me llega a los oidos. "¿Qué tal?" son las palabras que parece dictar mi yo autómata al llegar a cualquier parte...siempre tratando de sonreir y disculparme. "Mi día comienza más tarde" , intento decirlo sin parecer sin vergüenza -cosa que parece un poco difícil - pero que al final terminan disculpándomelo sin malos tratos.
Con la misma paciencia actuan mis amigos, aquellas personas de las que no huyo cuando vienen a buscarme, que no me reclaman nada si algún día falto, a los que no les importa tanto ciertas libertades, a los que están ahí para escucharme, a los que siempre hago reir, saben que tengo horario indefinido, que no soy una farmacia 24 horas, que soy el antidepresivo sin receta, los que me guardan un asiento en el salón porque saben que si llego, lo haré un poco más tarde.
Ellos saben perfectamente que si me voy a comprar cigarros ya no regreso, que igual me veran linda despeinada, sucia y con ojeras, que me despertarán si me quedo dormida en plena clase, a los que nos les molesta mis zapatos sucios o mi pantalón roto, los que comprenden mi lenguaje bizarro y no preguntan mucho cuando hablo porque entienden mis torpes balbuceos, saben que si llego muy pintada o vestida totalmente de negro algo anda mal.
Ellos me quieren así, rara y loca como dicen, yo los quiero por la comprensión, algo que de por si los hace extremadamente especiales...saben que si no llego es porque no quise y así respetan mi posición...saben que soy de las que va para volver después, así se irá ampliando el camino para ir y tal vez no regresar.
He buscado en cada bodega del distrito algo más que un simple condimento, llevé sencillo, monedas de baja denominación en los bolsillos para que nadie se niegue a venderme una chispa, una tonalidad más para los colores que le faltan a mi vida. Corrí por calles, crucé las pistas decenas de veces sin encontrar una mirada que responda a mi deseo, sin hallar palabras pegadas en escaparates repletos de mercancía. Me sentí como la extraña pieza de un rompecabeza de 1 549 801 partes, cada una tan distinta de la otra, buscando juntarse para salvar a la humanidad - dando como resultado de la alianza, el rostro del tan esperado Papa negro - pero siempre se encuentran las rebeldes a las que el destino no importa tanto, aquellas tímidas que no pueden relacionarse y yo, lejos, riéndome del caos que les ocasiona la forzada manera de proceder, correcta y disciplinada. A pesar del desconcierto que me produce tener que lidiar con esta congestionada y verdaderamente hepatítica ciudad, me siento a ver a sus personajes, a sus extras transitar con tranquilidad...algunos con la mirada fija, otros viendo su reloj, otros llevando con esmero a sus niños o a sus bolsas de mercado, otros lentos, algunos más rápidos pero pocos mirando al caracol que cruza despacio o al niño que quiere llorar, esos que hacen cualquier mueca, cualquier maroma para evitar el terrible suceso. Yo veo mis apuntes, mis zapatos y los rostros de aquellos transeúntes como si se tratara de una enorme pantalla, un circo ambulante, en el que cualquier disparate sería completamente atinado y normal. Todos viven en un largometraje, yo sólo aparezco detrás de cámaras.