Uno nunca olvida las ausencias. Para mí, el espacio vacío que alguien deja no se llena con nada, ni siquiera cuando se rompe una taza encontrarás otra que la reemplace.
Mi primera ausencia fue la más común, también la más parecida al grito de un ahogado de charco, pero como el momento dramático se sufre con pasión escribí "Duéleme" y se la dediqué a mi primer enamorado en el 2006.
De eso ya pasaron muchos años, en los que he experimentado un millón de sentimientos diferentes menos este que ahora me embarga: la ausencia. Y a pesar de no haber reflexionado sobre ella en su momento, la pena se me fue manifestando con los días.
Todo llegó con el verano. Despedirme de Gaby, verme obligada a dejar el trabajo, ser testigo de la dispersión de mis compañeros y compañeras de oficina, ver que todo termina y con todo eso, encontrar una hermosa y fugaz compañía que se diluyó tan pronto como llegó.
Después del acoso detrás de la realidad virtual, llegó la calma y también la ausencia, esa que al inicio confundí con desamor y fue una pena mustia que engañé cada tarde buscando cariño en la dulzura casera de un pie de manzana, pero el hoyo fue creciendo mientras pensaba en todo lo que me faltaba: la compañía, el amor, el tiempo y aquella triste corazonada previa al final; la muerte.
Mi MAMÁ con mayúsculas, Mamá Naty, Natividad Flores: la mamá de mi papá, de mis tíos, de sus nietos, bisnietos y de todos los que necesitaran el cariño que solo se puede encontrar en un hogar como el que ella cocinaba cada tarde.
Hace un mes la visité y supe que pronto se iría. Desde aquel domingo no dejé de pensar en su partida y comencé a distribuir mi pena, a estirarla día a día para que el final no me duela tanto, pero fue inútil.
Este sábado que pasó, en la noche, llovió como nunca en Lima y recordé un cuento que le escribí a mi ati hace un par de años; en él hablaba de una anécdota que vivimos juntas: Ella siempre viajó por el Perú y traía fotos, una vez vi las nubes de la sierra y le pedí que me traiga una cuando viajara en avión, quiso engañarme trayendo diferentes cosas parecidas a una nube pero no lo logró, hasta que decidió llevarme en avión y ahí explicarme que nunca pudo abrir la ventana para atrapar mi tan esperado regalo, pero que desde mi asiento al lado de la ventana podía ver las nubes desde arriba. En nuestro cuento, el final fue diferente, en él el regalo fue una inusual lluvia que cayó sobre Lima y duró toda la noche. Eso ocurrió el sábado y la madrugada del domingo, así y sin pensar en un presagio, se despidió una de las personas que más amo en este mundo.
Adolecer de ausencia - de muchas ausencias - y de muchas cosas más, siempre me ha llevado a crear una representación visual y tangible del sentir. Ahora me toca hacerlo por ti, Ati, por eso el siguiente destino será visitar la tierra que siempre quisiste compartir conmigo.
"El aire está lleno de nuestros gritos, pero la costumbre ensordece" [Samuel Beckett]
Tuesday, March 24, 2015
Thursday, March 12, 2015
Lima, no te vayas...
Mi primera incursión fue por Quilca, la conocí de la mano de uno de esos enamorados que te duran semanas, esos que además de olerte el cabello y acariciarte la cara, te escriben poemas y no te dicen que te aman pero a los demás sí.
Él me llevó a media noche hasta la Plaza San Martín. Yo, con la boca llena de uvas maceradas, caminaba despacio atendiendo cada movimiento de la calle. Músicos y políticos en la vereda, emolienteros, panfletistas, poetas, todos conversando, todos conspirando algo, todos viviendo intensamente.
Cruzamos el pasaje, entramos a la vieja Noche y todo se apagó sobre la mesa. En nuestro tour de bares cada cerveza costaba media hora de mis sueños: llegábamos, nos sentábamos y mientras yo dormía sobre mis brazos apoyados en la mesa él tomaba una cerveza fingiendo conversarme.
[Y por supuesto, a la mañana siguiente, le dije a todos que ya conocía los bares del centro]
Volví con otro amigo, el único ser humano que hubiera dado su vida para que Platero no muera. Él y yo nos fuimos juntos a conocer Amazonas. Yo iba ilusionada pensando en encontrar un libro que buscaba con locura, era "Pasiones" de Rosa Montero. Y sí, lo encontré en un puesto hermoseado con pinturas y bossa nova, a un precio ideal para mi presupuesto: S/. 10.
Luego seguí yendo sola o acompañada, a leer en recitales, a beber frente a la Plaza San Martín, a comer empanadas chilenas en un hermoso balcón frente al pasaje Santa Rosa, a contemplar las calles, a dejarme envolver por la música que emanaban los solares, a intervenir las calles, a correr en las plazas, a bailar colgada de los postes.
Ahora toda aquella vida se extingue, cierran los museos, galerías, bibliotecas, bares, el boulevard de Quilca, borran los murales, todo muere, todo acaba, menos nosotrxs, lxs que aún podemos mantener el pulso y la pasión.
Thursday, February 19, 2015
Sí, soy feminista
Hace poco estuve en un grupo que fue materia de estudio para una investigación y me preguntaron sobre mí. Entre lo que comenté confesé que era feminista, y uso la palabra "confesar" porque en realidad no lo había afirmado antes, acto seguido mencioné que nunca optaba por alguna postura "oficial" porque creo ser una persona consecuente y que para ser partidaria de algo debo estar de acuerdo con todo; "entonces, aparte de mi compromiso con el quehacer educativo ahora también puedo decir que soy feminista".
Esperé 30 años para decirlo pero quizá todo el tiempo lo confundí con rebeldía. Rebeldía en casa, con mi familia machista, rebeldía porque a pesar de que a mí no me daban la propina que le daban a mis hermanos "porque ellos eran hombres y podían salir a la calle" comencé a vender mi lonchera en la escuela y a hacerle la tarea a mis amigos y amigas para ganarme algunos soles. Rebeldía porque a pesar de no permitirme ocupar la cabecera de la mesa para el almuerzo, lo hacía. Rebeldía al negarme a lavar y planchar la ropa de mis hermanos. Rebeldía al pensar que no estaba mal defenderme a golpes en la escuela cuando alguien me trataba con la misma violencia.
Sin embargo, a pesar de los actos insurrectos en ciertos episodios de mi vida todo tiene su contraparte y en mi caso la encontré en la crianza. Solo para que se hagan una idea, nunca escuché la palabra "feminismo" pero sí "revolución" - del feminismo supe en la universidad. Ahora, volviendo al tema, durante mi infancia fui consciente de una parte del machismo pero no de toda la violencia de género que también era fomentada por mujeres. El obligarte e inducirte a ser flaca hasta llegar a la anorexia y bulimia, el hacerte creer el cuento del príncipe azul, el hacerte pensar que estarás realizada si te casas y tienes una familia, el recomendarte buscar un marido con dinero, el decirte que está en tus manos mejorar la raza para que tus hijos nazcan blancos, el imponerte usar el cabello largo porque tenerlo corto "es de hombres", entre otras perlas... Cayendo ingenuamente en las dos primeras, las peores taras de mi vida.
Cuando salí del colegio me enfrenté al mundo, a otro tipo de violencia que mis inocentes pensamientos escolares ni siquiera imaginaban pues finalmente te contaron una historia cuyo final feliz estaba sujeto a la llegada del príncipe azul quien viene a darte el amor que tanta falta te hace, pero nadie te advierte que aquel individuo es potencialmente un violador y como no lo sabes y estás sujeta al supuesto cariño que un malparido te da, acabas pensando que todo lo ocurrido fue tu culpa y te callas, no denuncias la agresión ni el trauma que viene después. En una situación como esa, la rebeldía ya no basta para sobreponerse sola.
Los años pasaron, la vida pasa, las cosas pasan y creí - a pesar de lo vivido - que si a mis 25 años no tenía enamorado me quedaría sola para siempre. En ese momento le dije a mi ex: "Creo que si no me quedo contigo me quedaré sola el resto de mi vida" y él aceptó continuar en esas condiciones. De pronto, pasó lo que diferentes médicos pronosticaron imposible: quedé embarazada. Mi familia fue la más feliz: "Ahora cásate" - "No". Y fue una de las decisiones más sabias de mi historia.
Conviví con el padre de mi hija y la violencia continuó. La solución ya no tenía que ver con la rebeldía, la reacción fue una lucha silente y continúa que acabó con la separación. ¿A qué violencia me refiero? A tolerar su dependencia emocional, al vivir con una neonata que llora por lactar y un joven de casi 30 años llorando a la vez porque no puede ver a su mamá, que luego sigue llorando porque no se puede ir a estudiar al extranjero y termina, llorando también, porque no supo calentar un biberón. Sufrir un breve lapso de dependencia económica en el que te mezquinan S/. 2,00 (sí, lo que cuesta el pasaje en bus de ida y vuelta) porque tienes que ir a tu control post parto y no tienes dinero. Ese entre otros motivos financieros me hicieron aceptar un trabajo al mes del nacimiento de mi hija, cosa que mi familia censuró a sabiendas de mi situación: "tú eres la madre y no puedes descuidar a tu hija" y el padre: "tú le pagarás a la nana porque estás faltando en casa". Así y contra todos, comencé a trabajar.
La situación mejoró pero la repartición de gastos en casa nunca fue equitativa ni equivalente a los sueldos de los dos. Él comenzó a estudiar su post grado prometiendo subsanar mis sacrificios con pagarme los estudios cuando él termine, cuando eso ocurrió me dijo: "tú y yo ya no estamos, no tengo por qué darte nada". Resultado: Él es licenciado y magister porque tuvo tiempo para hacerlo mientras yo, con la crianza, la casa y con múltiples trabajos para mantenerla sigo siendo bachiller. ¿A eso se puede contestar con rebeldía?
Finalmente, después de tres años y medio, se hizo efectiva la separación. Mi familia me insistió para que vuelva con él, sobretodo mi madre que siempre ha vivido preocupada por el qué dirán. Un día le dije: A ti no te molestó vivir maltratada, ¿verdad? A mí si me importa, porque después de todo lo vivido sé lo que significa tener amor propio.Quererte y valorarte tampoco es un acto de rebeldía.
Entonces, cuando te enfrentas a:
- Optar por vivir la sexualidad libremente y que te sindiquen de puta, es violencia.
- Un abuso sexual y que al final te hagan sentir culpable, es violencia.
- Vestir escotes y minifaldas y que la gente lo atribuya a que "quieres provocar". Es violencia.
- Ser exhibicionista y ser tildada de "calienta huevos", es violencia.
- Vivir emancipada porque no puedes estar a expensas de un hombre que depende emocionalmente de su madre y no está dispuesto a hacerse cargo equitativamente de los quehaceres de la casa y que, por ese motivo, te tilden de "no saber mantener un hogar", es violencia.
- Trabajar para mantener a tu hija y te hagan pensar que eres "mala madre" por no atenderla, es violencia.
- La obligación de ser ama de casa y no exigir ni un sol por todo el trabajo que haces, es coacción.
- La presión social de retomar la relación con el padre de tus hijos solo por ellos, es violencia.
- Entre muchas cosas más...
Por toda esa lucha que en algún momento confundí con rebeldía adolescente, es que me afirmo feminista. Porque no quiero que mi hija crezca viendo a una madre sometida, en una casa llena de gritos y peleas, quiero que crezca libre, que estudie, que su entorno esté lleno de amor pero que conozca y sepa lo que ocurre en el mundo, que sea valiente, que conozca sus derechos, que no la alcancen los prejuicios, no quiero que aprenda con golpes como lo hice yo. Quiero un mundo mejor para ella, quiero que tenga oportunidades por las que yo y muchas otras mujeres luchamos... Sí, soy feminista.
Monday, February 09, 2015
Cocina con amor
Mi relación con la comida siempre fue complicada, desde pequeña me crearon complejos que acabaron en tormentos adolescentes de los que hasta hoy no me deshago, pero lo cierto es que a pesar de los trastornos alimenticios que sufrí siempre tuve presente que para comer debía llegar a alguna casa, ¿y por qué casa? Porque se supone que en las casas siempre hay amor, aunque a veces acababa matando el hambre con los embutidos y galletas que te dan de cortesía en los súper mercados.De niña, invitaba a todos a comer a mi casa porque mi mamá cocinaba muy rico, lo curioso era que ella nunca se enteraba de mis reuniones. De pronto llegaba gente a cenar y no había nada que ofrecer. Otra cosa que recuerdo es que cada vez que cumplía años, mi mamá cocinaba carapulcra y yo era la más feliz del mundo pero todo se fue perdiendo con los años y el amor se terminó cuando papá se fue a vivir a Tacna, aún recuerdo el día en que mi mamá rompió su romance con la sazón, que volvía cada vez que papá regresaba a Lima.
Cuando tuve 14 años y me deprimía porque no podía cambiar el mundo, salía del colegio caminando sin dirección y sin ganas de volver a casa, porque "mi casa" se convirtió en un lugar para pensar en todo lo que no podía ser y hacer pero esa terrible sensación cambiaba cuando, después de las 03:00 de la tarde, comenzaba a sonarme el estómago y desviaba la ruta para dirigirme a un lugar en el que me sentía mejor: la casa de mamá Nati.
Natividad Flores es la mamá de mi papá y siempre fue LA mamá, aunque machista por la crianza y la edad, pocas personas me dieron tamaño ejemplo de lucha. Ella siempre se entregó a todo lo que hacía y, a mi parecer, le salía bien. Vivía para engreír a sus nietos, entre muchas otras cosas, y lo hacía cocinando pasteles, empanadas, postres, todo tipo de guisos y todo, TODO, siempre sabía a casa.
Pasaron los años y al salir del colegio me di a la vida práctica, en la que siempre fue más fácil comer un choclo sancochado, una lata de atún, lechuga cortada con la mano, queso fresco y cuando hacía frío, sopas instantáneas pero todo cambió varios años después, cuando supe que sería madre.
Cuando el pediatra me dijo que la niña debía comenzar a comer, me propuse cocinarle siempre lo mejor que pudiera para que sepa desde pequeña que en casa se come mejor que en cualquier otra parte.
Desde entonces cocino con gusto, y no solo para ella sino para todos los que quiero, además caí en cuenta de lo que mi psicóloga decía: "la comida es amor y nuestra forma de interactuar con ella es un indicador de cómo nos sentimos".
Por eso hoy, cuando a mi niña de casi 4 años le pregunto: "¿Qué quieres que te cocine hoy?", ella contesta: "Carapulcra con amor".
Pasaron los años y al salir del colegio me di a la vida práctica, en la que siempre fue más fácil comer un choclo sancochado, una lata de atún, lechuga cortada con la mano, queso fresco y cuando hacía frío, sopas instantáneas pero todo cambió varios años después, cuando supe que sería madre.
Cuando el pediatra me dijo que la niña debía comenzar a comer, me propuse cocinarle siempre lo mejor que pudiera para que sepa desde pequeña que en casa se come mejor que en cualquier otra parte.
Desde entonces cocino con gusto, y no solo para ella sino para todos los que quiero, además caí en cuenta de lo que mi psicóloga decía: "la comida es amor y nuestra forma de interactuar con ella es un indicador de cómo nos sentimos".
Por eso hoy, cuando a mi niña de casi 4 años le pregunto: "¿Qué quieres que te cocine hoy?", ella contesta: "Carapulcra con amor".
Sunday, May 18, 2014
Marina Isabel
Ella vive en una calle que la tiene por santa pero cuando nos conocimos la conversación comenzó por el chupetón que tenía en el cuello. La recuerdo cruzando por el patio de letras; tenía una blusa turquesa que combinaba con sus ojos color de aceituna y su modesto escote exhibía, sin darse cuenta, ese morado tan sexy que a veces se nos escapa.
Nos hicimos amigas en el Museo de Arte cuando comenzamos a trabajar como guías. Yo le mostré unos versos de Alejandra Pizarnik y luego de eso no paramos de hablar.
Hemos compartido tantas cosas, muchísimas, más de las que pueden contar nuestros 10 años de amistad y con este humilde texto quiero agradecerle por todos esos momentos en los que siempre me hizo reír.
Nunca olvidaré el día que me contó, a su modo tan particular, por qué la llamaban Mali, esa vez en la que se malogró el proyector y le pidió al auditorio que imaginase las imágenes de sus diapositivas, lo bonito que hicimos con Moiras, nuestros paseos en micro los domingos a las 06:00 a.m., la cantidad de veces que intentó recogerme cuando por torpeza acababa en el piso, los chicles que me regaló para que no me muerda la lengua, el día que me acompañó a saber si Abril estaba ya conmigo, nuestras primeras fiestas juntas, la millonada de secretos, los quince minutos de distancia que nos separaban, todas las veces que lloró y todas las veces que la abracé, nuestras intervenciones en la calle; las decentes y las alborotadas con gritos, bailes, desorden y mucha diversión.
Podría mencionar muchas cosas más pero sería una declaración de amor escrita con cosas que las dos sabemos a la perfección. De todos modos y para no dejar se ser romántica mencionaré que ella y yo tuvimos un repertorio de canciones que bailábamos todo el tiempo y con todo el mundo, pero nunca una solo para las dos. Luego de pensarlo mucho concluí que esta canción sería la nuestra.
Nadie imagina lo mucho que voy a extrañar a mi Male.
Saturday, May 10, 2014
Hola, soy Abril Valiente
En esta foto de diciembre del 2010 Abril tenía cinco meses. Ella y yo nos fuimos al viejo continente a conocer la obra del Greco y las naranjas hechizadas de La Alhambra. El viaje fue una odisea trilce que no hubiera podido seguir con ella en los brazos porque nos pasó de todo.
Uno de nuestros objetivos era rastrear el camino que siguió su padre, en agosto del mismo año, cuando él se enteró que ella estaba en camino, recuerdo que me dijo con un lápiz sobre un mapa: "Yo salía del Museo del Prado y contaba los minutos para llamarte, crucé la pista por aquí y encontré una cabina telefónica".
Buscar esa cabina y llamar por teléfono a Lima fue lo primero que hicimos un día después de llegar a Madrid, descubrimos también que la comunicación se realizó frente a la Plaza de la lealtad.
Hoy, tres años y medio después, en la actuación del día de la madre y con mi hija sentada en las piernas no pude evitar recordar todo lo que vivimos... Tanto que el 2010 parece haberse quedado muy lejos. Ahí, en ese salón lleno de flores y fotos de pequeños con sus mamás, Abril señala la nuestra y me dice que quiere volver a ver mi cabello largo como en la foto. Al final agrega:
- ¿Y qué decía cuándo estaba en tu panza?
- Me hacías cosquillas.
- Ah, es que te decía: Hola, soy Abril Valiente.
Sunday, March 16, 2014
El aro de cebolla
A mediados de los noventas yo tenía 10 años y mi proyección de vida, visualmente, no iba más allá de los 15. Soñaba con lo que mi madre prometía: una fiesta de quince con vestido rosado y muchos invitados. Luego de eso iría a la universidad, estudiaría para ser profe y me casaría a los 22 pero todo cambió después de ver la escena más dulce de la historia.Un día casi de noche veía por casualidad la televisión, daban Los Simpsons, me enganchó el drama amoroso de Homero y Marge pero lo que me dejó boquiabierta fue ver que él le pedía matrimonio poniéndole un arito de cebolla en el dedo anular.
Yo, que estaba acostumbrada a la edulcorada boda made in Televisa en la que la muchacha pobre - amparada y protegida por la Virgen de Guadalupe - se hacía millonaria luego de derrotar a la pudiente y esquiva familia del principe azul, creía que ese cuento surreal y pomposo era habitual en todas las historias de amor.
Pero esa noche al apagar la televisión me sentí profundamente enamorada de ese antipríncipe gordo y grasoso que atendía un puesto de comida rápida, nunca había visto tamaña demostración de amor. ¿Y por qué me impactó tanto? Porque lo más valioso de la vida para mí, siempre fue la voluntad con la que cualquiera es capaz de hacer las cosas y además gracias a Homero, dejé de pensar en el estereotipo de matrimonio al que la cadena televisiva mexicana me tenía acostumbrada.
Han pasado muchos años desde aquel entonces y nada me quitó de la cabeza aquella imagen que aún recuerdo, ahora con nostalgia. Este año recibí con alegría la noticia de tres bodas todas de gente muy querida, pero inevitablemente recordé mi frustrado intento por llegar al altar.
Después del parto y los primeros meses de mi pequeña hija pensé en "formalizar" mi relación con su papá, traté de hacer todas las gestiones necesarias para casarnos empezando por el local, el trailer de la boda y la performance de entrada y salida hasta la modesta lista de invitados. Todo sencillo pero lleno de episodios únicos y especiales.
Mi inconveniente fue uno y lo escuché en no más de tres oportunidades, eso me bastó para no intentar nada más. "Yo quiero casarme contigo pero quiero darte un anillo caro, el problema es que no tengo dinero", pretexto al que contesté con: Pero Homero le dio un aro de cebolla a Marge, para comprometerse no hace falta una alianza costosa, solo voluntá", "¿Un aro de cebolla? Tan poco puede significar esto para ti?".
FIN
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Thursday, March 06, 2014
Tenemos que hablar
Cuando un "tenemos que hablar" suena como pisar el vacío, es cosa seria. Eso me pasó hace unos días cuando mi papá lanzó, un domingo por la tarde, esa extraña amenaza cuasi coloquial y con raros visos de empatía.
"¿Por qué? ¿pasa algo malo?" le pregunté - sin poder evitar volver a mi adolescencia - tratando de adelantarme a lo que podría decirme, él me aseguró que solo haríamos lo propio; conversar.
Llegó la tarde y al parecer, el momento justo para hablar con tranquilidad. "Hija, tu hermano ya se fue de la casa, ha rentado un departamento con su esposa", ante su comentario asentí con la cabeza y dije: Qué bien.
"Tu otro hermano se casa en un mes", a lo que contesté: Sí, lo sabía. Qué bueno! Por fin se casa.
Sin querer intuí sus intenciones, la siguiente pregunta sería: ¿y tú, qué piensas hacer?. Y lo fue.
"Después de todo lo que he pasado prefiero estar sola, lo único que quiero para mí es que nadie me joda".
Mi respuesta tuvo eco y puntos suspensivos, y por el gesto de mi papito, llegó con dificultad.
Luego de mirarme un rato, en silencio, me dijo: Sí pues, lo mejor es vivir sin nadie que te joda.
Consuelo o no, solo quiero eso.
Monday, February 18, 2013
Cuando todo comenzó
[Escrito el 29/08/2010]
Julio 2010.
Mi vida era solamente mía y todo parecía estar en orden; 26 años, bachiller con trabajos eventuales, varios proyectos, un novio, un diplomado casi terminado, muchos amigos, muchas amigas, fiestas, bailes y reuniones, amanecidas, anochecidas, caminatas y otras cosas más que me permitían hacer lo que se me venga en gana.
Ese mes, mi novio se fue a Niza a estudiar y se quedaría recorriendo el viejo continente por 30 días, tiempo que supuse interminable. Nos despedimos el 29 de julio en el Jorge Chávez, a pesar de mi marcado resentimiento hacia los "hasta pronto" en terminales áereos y terrestres.
Evidentemente, aproveché esos días para salir con mis amigas. Fiestas, cenas, mucho baile y un poco de alcohol para regresar feliz a casa a las 9:00 a.m. y dormir hasta el medio día.
Los días pasaban y todo se iba transformando, de pronto ya no toleraba el trago ni el cigarro, el café no me ayudaba a mantenerme despierta y pese a ser insomne, dormía 8 horas. También se me antojó alimentarme sanamente, dejé de comer comida chatarra, comencé a ordenarme programando desayuno, almuerzo y cena para el día a día; me levantaba cada mañana con ganas de yogurt y corn flakes, a la 1:00 p.m. era necesario una sopa de verduras y, en la noche, un pan árabe con queso fresco. Curiosamente, esa saludable lista me hizo subir de peso y no entendía por qué, comencé a hacer ejercicios.
Particularmente me sentí sensible esos días, no solo porque demolieron mi casa, sino porque se me dio por dibujar a un niño con un árbol en mis cuadernos llenos de vacas flacas, lloraba viendo cuentos y otras cosas en la tv, no podía dejar de abrazar a Verdura, mi golden retriever, y todo eso se lo atribuí a mestruación, aunque según mi calendario ya contaba con un ligero atraso pero no lo tomé en cuenta.
El viernes 27 de agosto, amanecí con náuseas y vomité, además me percaté de que la pasta de dientes me daba asco, cosa rara siendo yo una amante de la menta.
Pasaron 24 horas y me hice una prueba de embarazo, salió positivo y le tomé foto para enviarla por e mail y Efraín pueda verla desde Madrid o Barcelona. También desperté a mis amigas, contándoles lo sucedido, una de ellas me acompañó a hacer la prueba de sangre para despejar cualquier duda.
Marina y yo estuvimos dando vueltas alrededor del laboratorio hasta que por cansancio nos sentamos en la vereda por la que coincidentemente esa tarde, transitaron el 20% de nuestros conocidos, a los que dimos "N" explicaciones diferentes de nuestro paso por ahí.
"Mamacita, si sale negativo nos vamos a tomar una chela, si no te invito un helado", me decía Marina como bromeando. Horas antes hizo comentarios acerca de mi supuesto embarazo, le pidió al cobrador en el micro que pida el asiento reservado para mí, se peleó con el chofer por manejar como una bestia, entre otras cosas... pero no podía odiarla, siempre agradeceré todo lo que hizo y dijo ese día.
Horas después leimos juntas la prueba y no la entendimos. "Señorita, ¿qué quiere decir esto?", "Ah, estás recontra embarazada, debes tener dos meses". Lloré, no necesariamente de emoción, también recordé a los 5 médicos que me dijeron años atrás que no iba a poder tener hijos y hasta hoy pienso, ¿será posible denunciarlos?
Llegamos a casa de Clara con un Peziduri y nos lo comimos, haciéndonos la idea de que desde ese día ya no seríamos tres.
Julio 2010.
Mi vida era solamente mía y todo parecía estar en orden; 26 años, bachiller con trabajos eventuales, varios proyectos, un novio, un diplomado casi terminado, muchos amigos, muchas amigas, fiestas, bailes y reuniones, amanecidas, anochecidas, caminatas y otras cosas más que me permitían hacer lo que se me venga en gana.Ese mes, mi novio se fue a Niza a estudiar y se quedaría recorriendo el viejo continente por 30 días, tiempo que supuse interminable. Nos despedimos el 29 de julio en el Jorge Chávez, a pesar de mi marcado resentimiento hacia los "hasta pronto" en terminales áereos y terrestres.
Evidentemente, aproveché esos días para salir con mis amigas. Fiestas, cenas, mucho baile y un poco de alcohol para regresar feliz a casa a las 9:00 a.m. y dormir hasta el medio día.
Los días pasaban y todo se iba transformando, de pronto ya no toleraba el trago ni el cigarro, el café no me ayudaba a mantenerme despierta y pese a ser insomne, dormía 8 horas. También se me antojó alimentarme sanamente, dejé de comer comida chatarra, comencé a ordenarme programando desayuno, almuerzo y cena para el día a día; me levantaba cada mañana con ganas de yogurt y corn flakes, a la 1:00 p.m. era necesario una sopa de verduras y, en la noche, un pan árabe con queso fresco. Curiosamente, esa saludable lista me hizo subir de peso y no entendía por qué, comencé a hacer ejercicios.
Particularmente me sentí sensible esos días, no solo porque demolieron mi casa, sino porque se me dio por dibujar a un niño con un árbol en mis cuadernos llenos de vacas flacas, lloraba viendo cuentos y otras cosas en la tv, no podía dejar de abrazar a Verdura, mi golden retriever, y todo eso se lo atribuí a mestruación, aunque según mi calendario ya contaba con un ligero atraso pero no lo tomé en cuenta.
El viernes 27 de agosto, amanecí con náuseas y vomité, además me percaté de que la pasta de dientes me daba asco, cosa rara siendo yo una amante de la menta.
Pasaron 24 horas y me hice una prueba de embarazo, salió positivo y le tomé foto para enviarla por e mail y Efraín pueda verla desde Madrid o Barcelona. También desperté a mis amigas, contándoles lo sucedido, una de ellas me acompañó a hacer la prueba de sangre para despejar cualquier duda.
Marina y yo estuvimos dando vueltas alrededor del laboratorio hasta que por cansancio nos sentamos en la vereda por la que coincidentemente esa tarde, transitaron el 20% de nuestros conocidos, a los que dimos "N" explicaciones diferentes de nuestro paso por ahí.
"Mamacita, si sale negativo nos vamos a tomar una chela, si no te invito un helado", me decía Marina como bromeando. Horas antes hizo comentarios acerca de mi supuesto embarazo, le pidió al cobrador en el micro que pida el asiento reservado para mí, se peleó con el chofer por manejar como una bestia, entre otras cosas... pero no podía odiarla, siempre agradeceré todo lo que hizo y dijo ese día.
Horas después leimos juntas la prueba y no la entendimos. "Señorita, ¿qué quiere decir esto?", "Ah, estás recontra embarazada, debes tener dos meses". Lloré, no necesariamente de emoción, también recordé a los 5 médicos que me dijeron años atrás que no iba a poder tener hijos y hasta hoy pienso, ¿será posible denunciarlos?
Llegamos a casa de Clara con un Peziduri y nos lo comimos, haciéndonos la idea de que desde ese día ya no seríamos tres.
Sunday, February 17, 2013
Un nuevo parche para la ventana
Mis ventanas ya no tienen parches,
puedo pasar de un cuarto al otro cruzando la pared
y tengo vista directa al dormitorio de mis vecinos.
[aunque eso no sea más que una tortura china]
¡Bienvenidos a mi nuevo hogar!
puedo pasar de un cuarto al otro cruzando la pared
y tengo vista directa al dormitorio de mis vecinos.
[aunque eso no sea más que una tortura china]
¡Bienvenidos a mi nuevo hogar!
Monday, January 10, 2011
Así acabó
Wednesday, June 23, 2010
El mito del terruco sanmarquino
He tenido la profunda necesidad de escaparme un rato y hablar, quejarme acerca de un tema que últimamente llena la portada de los diarios y se ha vuelto la comidilla de la prensa televisiva: ¿Sendero en San Marcos?En realidad los medios lo afirman tajantemente, pero existen circunstancias que no les conviene abordar. Yo soy san marquina, estudié en letras del 2003 al 2008 y en ciertas oportunidades fui testigo de marchas y protestas, pero nunca se dió una pro senderista.
Es cierto que en la universidad hay diferentes grupos, hay gente radical como también alpinchistas, hay derechosos e izquierdistas y eso ocurre generalmente en espacios en los que predomina la libertad de pensamiento y expresión, ¿qué sería de la universidad sin eso?
El punto es que, el mal manejo de la información nos pinta a todos los estudiantes y egresados como terroristas o revoltosos. En el 2000 yo cursaba mi último año en el colegio y todos mis amigos decidieron apodarme "Terruca" al enterarse que postularía a San Marcos, y hoy, después de 10 años, fui a dictar una clase de literatura en reemplazo de un amigo mio, y en el salón de 4to de secundaria una muchachita me dijo:
- Miss, ¿usted dónde estudió?
- En San Marcos
- Ah, entonces usted es terrorista
- Eso no es verdad, niña
- Ha venido a poner una bomba...
Tocó el timbre y todos salieron, la niña siguió fastidiando, nuevamente le dije que no era cierto. Me quedé en el balcón un rato y en ese momento me quedé ciega porque una torre de alta tensión explotó cerca del colegio...Inmediatamente, me sentí como el Chavo del 8 en este video:
Monday, May 24, 2010
25 + 1: Adiós Ventana Parchada
Estuve acostumbrada a otro tipo de alternativas para escapar... Así como piso las carpetas para cruzar el aula, en vez de salir por la puerta me trepo por la ventana. El único problema es que la ventana de mi ex dormitorio - la que inspiró el nombre de este espacio - estaba cubierta por un pastel de ladrillos y concreto, por eso nunca pude salir de ahí.
Ahora tengo un cuarto grande, es mi oficina, mi taller y mi depósito a la vez. Mi ventana no tiene parches pero tengo una grieta en el techo que no me deja dormir y, lamentablemente, no puedo escapar por ella.
Han pasado ya varios años, a veces creo que he dejado de ser potencialmente divertida, a veces creo que he madurado, sin embargo, creo también que hay cosas que son básicas, como las manías que aprendimos de chicos y que hasta ahora no podemos evitar, por ejemplo, a pesar de estar más cerca de los 30 que de los 20 aún no sé cuál es mi lado derecho. Me explico: A los 2 años me accidenté, se me cayó la plancha en la mano por treparme a la cama, cuando entré al nido a los 3 años nos enseñaron a rezar y para persignarse nos pedían levantar la mano derecha, eso nos tomaba varios minutos. Un día me di cuenta de que mi mano quemada era la derecha y hasta hoy, cada vez que me preguntan por alguna ruta o algo parecido, instintivamente me miro las manos.
Aprendí a amarrarme los zapatos a los 16 años, a esa edad también aprendí a tomar bien el lapicero y lo hice por vergüenza en realidad, nunca pensé que mi particular manera de cogerlo estuviera mal. Durante la escuela tuve las mejores notas en conducta, pero los profesores no sabían que la instigadora de los reclamos en el salón era yo, que la que ponía ratas blancas en botellas cerca del colegio era yo, que la que se peleaba a la salida en una mecha terribilísima también era yo.
Así es como entiendo que hay cosas que parecen y que no son, manías y costumbres que nos perseguirán toda la vida y que, tal vez en un momento de lucidez, madurez o puro aburrimiento, intentamos desentender. Por eso creo que algo dentro se mí se apagó: un buen día me desperté sin ser tan torpe y dejé de darme risa, de repente dejó de gustarme el frío y extraño el sol, ya no me pinté el cabello negro, hoy lo teñí de púrpura, estoy comenzando a odiar los zapatos altos, ahora me preocupo más por casi todo, lloro cuando veo películas sentimentales y además, dada la poca trascendencia de lo aquí escrito, creo que ya no me sirve de mucho escapar por acá. Por eso me despido de los pocos visitantes que eventualmente recibo, lamento informarles que este será el último parche de esta ventana.
Ojalá y en algún momento todo vuelva a su lugar, pero eso será poco a poco. Esto me recuerda a una frase de José José: "Porque el alma se vacía, como el cántaro en la nube, el amor acaba".
Monday, April 26, 2010
Prohibido olvidarse
Hoy me olvidé de todo:
- La agenda
- El reloj
- Las guías para los inventarios
- Libreta de apuntes
- Y por poco el desodorante
Lo único que espero es que llegué el lunes 3 a las 4 de la tarde para poder respirar tranquila
[Y poder perder el tiempo sin remordimientos]
Wednesday, April 21, 2010
Tuesday, April 13, 2010
Monday, April 12, 2010
Saturday, April 10, 2010
Abriles
En estos días, las mañanas han sido soleadas y las noches tienen un viento fresco con el que quisiera irme de vez en cuando. En abril todo es posible, como dice Elisa, por eso en un solo día pueden ocurrir cosas completamente opuestas.
Hace poco pasé accidentalmente por Plaza San Miguel - que realmente está bastante cerca de mi casa, pero no me gusta - y entré a Casa & Ideas como buscando algo que hasta entonces, no sabía. Caminé y caminé y pensé en buscar libretas, sin rayas ni cuadrados, sólo de hojas blancas.
Las hojas blancas siempre son un vacío que me gusta atacar, son un camino amplio hacia algo desconocido. Con frecuencia me salgo de la raya cuando pinto y, por otro lado, los cuadritos en los cuadernos son mi encuentro más tierno con la claustrofobia. Por eso esta vez preferí hojas blancas.
Estuve colgada entre líneas horizontales y verticales, todas ordenadas, ninguna triple raya ni pentagramada, finalmente llegué a una tapa con muchas de mis cosas favoritas: sellos, estampillas, líneas curvas, edificios chuecos, ventanas torcidas, aviones, arcos de medio punto, toldos, flores, ideogramas, una mesa redonda con dos sillas, mucho lila y letra corrida.
Rápidamente la compré... Por fin encontré el lugar perfecto para comenzar a exprimirle la belleza a estas últimas tardes naranjas.
Friday, April 02, 2010
Otra vez Abril
Hace meses respiro tranquilidad y calma. Hace casi tres. Era verano y decidí estar sola para ver si mi condición mejoraba, y mejoró. Sin embargo, hasta hoy me pregunto si fue la mejor decisión aislarme para lograrlo... Es fácil pensar que de repente te vuelves más paciente y tolerante cuando, simplemente, dejas de tener tratos muy cercanos con otras personas.
Ya casi no reniego y eso me sorprende. Me sorprende estar tranquila y haber dejado el café. Me preocupa dormir como una persona normal, me preocupa además no tener trabajo fijo aún pero ya no me altera como antes.
Enero y febrero fueron buenos meses, volví a ver a mis amigos, a departir en las cantinas y a caerme de la risa. Volví a actuar y a recitar, empecé a dibujar, volví a tocar violín y a bailar desaforadamente, como siempre.
En marzo ordené mi cuarto, limpié mi escritorio - que tenía más de un año de comprado y jamás le había sacado nada - y todo cambió. He tenido a mi agenda reventando en marzo, con salidas, talleres y cachuelos. El apurado ritmo de vida se acabó el último fin de semana. El lunes me enfermé y así llegó abril.
Otra vez Abril. Abril es uno de los nombres más bellos que puede existir, incluso para el tiempo que a veces es cruel. Es abril y es otoño también. Abril tiene un viento con el que me gusta jugar, hojas de color cansino que me gusta pisar y escuchar, tiene los días soleados más cortos y las noches llenas de pecas brillantes, tiene también recuerdos lindos con olor a pan caliente.
Aún no pienso cómo será este nuevo Abril y este nuevo otoño en el que estaré más cerca de los 30 que de los 20. Por lo pronto ha empezado bien, con Family y Sylvain Piron, poemas, fotos y videos, leche de soya y una inquietante dosis de tranquilidad.
Tuesday, March 16, 2010
María Alexandra en Lima
María Alexandra Talavera, mi Alexa, vino a Lima la primera semana de marzo y se hospedó en mi casa. Un día antes de su llegada, tuve un enfrentamiento con mi habitual desorden y dejé mi cuarto reluciente para que ella se sienta cómoda.Llegó un jueves, con una mochila enorme de colores lindos y además "un poco de vino" que guardaron junto con el equipaje porque no la dejaron beber en el camino. La esperé a las 8 de la mañana en el terminal y desde ese día he vuelto a despertarme a una hora prudente para mi edad.
Luego del largo abrazo de reencuentro - después de 4 años - vinimos a mi casa. Conoció a Verdura y el desorden de esta casa casi deshabitada. Le enseñé a usar el calentador del baño y me dijo "¿Cómo es posible que siendo verano te bañes con agua caliente?", ella salió de la ducha, entre yo y se quemó el calentador. Desde ese día hasta hoy me baño con agua fría y ya no me asusta.
Salimos, caminamos, comimos, fumamos y charlamos y charlamos. Aún extraño su "Que no te la acabas", su "Maeeeeestra", su celular que no dejaba de sonar y su contagiosa risa. Los 5 días se nos fueron de las manos, veloces como la chacarera que me enseñaste mientras caminábamos por Pardo.
Fue tan bueno irnos a bailar, a beber, a comer, a cortar papeles y leer poesía en la calle también. Ojalá el tiempo pase rápido para poder ir a su isla bonita en el lago y poder hacer el syllabus para el curso que dictará - y del que seré su asistente - para sus pupilas y fans "Cómo ser una buena mujer", y que seguro comenzará con el tema "Pórtese usté juiciocita cuando se vaya de parranda"
Te quiero mucho poeta, este post está completamente dedicado a ti y a la chacarera que bailaremos algún día.
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